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Capítulo I. Panorama historiográfico de Le Corbusier y La Tourette.

Capítulo I.  Panorama historiográfico

de Le Corbusier y La Tourette.

1.1      Le Corbusier.

 

Es difícil imaginar que hace poco más de cincuenta años, la humanidad se encontraba en una transición radical, por los constantes avances tecnológicos. Inmerso en este contexto dinámico un hombre llamado Charles Eduard Janneret, definió la arquitectura del siglo XX. Su genio cambio al mundo y le otorgo una nueva identidad, esta identidad reconoció e incluyó los avances y los colocó, como nunca antes, a disposición de la arquitectura. Su vida fue ricamente compleja y muy productiva, además de arquitecto, fue pintor, escultor, escritor y poeta; dejó muchas obras construidas e innumerables proyectos. A continuación se hará un recuento de su vida sintetizada, para entender quién es Le Corbusier y su relación con el Monasterio de Sainte Marie de la Tourette.         

Se inicia con Leonardo Benévolo y su libro Historia de la Arquitectura Moderna en donde afirma que Le Corbusier se dedica decididamente a la arquitectura, en donde el cubismo ha restablecido la capacidad de apreciar las formas simples y puras que constituyen la fuente primaria de las sensaciones estéticas.

            Le Corbusier supo asumir el papel, enfrentándose a las tradiciones de su país, sin perder de vista las relaciones con el movimiento industrial, la experiencia individual de Le Corbusier se abre hacia esa virtualidad única, el peso de sus iniciativas recaen en definitiva en su coherencia de su temperamento individual. Nunca se contento con que sus invenciones fuesen solo interesantes y sugestivas, sino útiles y aplicables universalmente demostrando su tesis.

Después de 1945 Le Corbusier empieza a ocuparse por problemas de residencias, proponiendo la integración  y colectivización de la vida familiar. Durante la guerra en Francia no se forma ningún régimen, y a partir de 1934 sufre un malestar económico lo cual se ve reflejado en la producción de edificios. Es preciso observar que los trabajos más importantes de Le Corbusier fueron realizados durante 1930 y 1933 y coinciden con el momento de relativo equilibrio político. Los métodos de vanguardia parecen connaturales a la cultura francesa, y las posiciones sólo se mantienen suficientemente concretas cuando las iniciativas provienen de individuos o de pequeños grupos. [1]     

Peter Gössel habla de cómo Le Corbusier intensifica la búsqueda de soluciones arquitectónicas expresivas que se comportan de forma individual en relación a cada cometido funcional, en cuanto a esto, menciona que Le Corbusier prefería trabajar con el hormigón grueso y basto de encofrado, al que atribuía la dignidad de un “rostro cubierto de arrugas”.[2]

            Una arquitectura tan pobre en detalle como rica en volumen exige una especial sensibilidad en el diseño. Le Corbusier demostró cómo se podía llevar a la práctica su apasionada defensa de una nueva arquitectura acorde con el tiempo. Los conflictos tuvieron que surgir allí donde el propio egoísmo arquitectónico tocaba el nervio sensible de las estructuras urbanas.       

Sigfried Giedion en 1968 objetivamente cuestiona  cómo Le Corbusier logro enriquecer el repertorio de su lenguaje figurativo a partir de 1933, con su trabajo individual, también de cómo los elementos que él adopta como el hormigón armado se desaprisiona de su rigidez y alcanza poco menos que una estructura orgánica donde cada molécula posee una actividad. Le Corbusier afirmo que era el hormigón en bruto betón brut, al mismo tiempo asume  los caracteres de la piedra natural. 

            La importancia que le da al hormigón con la intención plástica se ve reflejada en la L´Unité de Habitation (Fig. 1), Le Corbusier liberó estos elementos de su existencia cotidiana y los cambió, como los pintores cambiaban también un recorte de papel, o una pipa, en arte; en un  nuevo lenguaje arquitectónico.[3] 

                                               Fig. 1 LE CORBUSIER. L´Unité de Habitation. Marsella 1947-53

 

Leland Roth hace un análisis del fracaso del movimiento moderno, de la ruptura de  Le Corbusier cuando cambia radicalmente durante la década de 1930, y el resultado más espectacular de este viraje se reveló en sus primeros proyectos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Estos cambios tuvieron que ver con su forma de moldear el espacio, pero mucho más con una alteración brusca en la elección y acabado de los materiales, pasando de las suaves superficies de estuco blanco, lisas y sin juntas, a unos materiales rústicos  y a una ejecución deliberadamente tosca.

En esas obras de la postguerra, el exterior ya no es tratado como una superficie abstracta, sino como un juego más complejo de elementos dispuestos en las tres dimensiones. Esta evolución hacia una plástica más acusada, se enriquecerá con el aprovechamiento de infinitas posibilidades de texturas que ofrece el hormigón. Este material, que anteriormente se había usado en forma de delgados esqueletos, pasará ahora a ocupar una posición visual preponderante, en forma de audaces volúmenes surcados por las huellas de los tableros.  

            Esta ruptura de Le Corbusier de manera tan dramática sorprendió a muchos observadores,  la hizo en la celebré capilla de Ronchamp (Fig.2)  en 1950-1955, construida al finalizar la guerra.[4]

 

 

 

Fig. 2 LE CORBUSIER, Notre-Dame-du-Huat, Ronchamp (1950-1955)

 

                Le Corbusier en sus obras de post guerra logro crear una genuina monumentalidad moderna, es decir, edificios cuya presencia plástica simbolizan los caracteres que otorgan identidad a la sociedad para lo que han sido construidos. Esto es válido por igual para el Monasterio de Sainte Marie de La Tourette  de 1956-1959 (Fig. 3).

Particularmente bien la energía profética de Le Corbusier, en general, sus últimas obras  pueden considerarse el logro más importante alcanzado por la arquitectura del siglo XX. La intención de hacer el edificio algo más que un contenedor funcional caracteriza las obras con el comienzo de la manifestación por una articulación plástica fundamental.[5] 

                Le Corbusier, el gran planificador y abanderado de la vanguardia, se presento en la Europa de postguerra con otros proyectos que lo consagraron como el arquitecto más grande del siglo.  Supo traducir en una monumentalidad desprovista del repertorio formal clásico de la arquitectura de los edificios clasicistas inspirado en la arquitectura y la vida de su país, el que combinó hábilmente con el vocabulario formal especifico de la modernidad, destacando el hormigón utilizado con una expresividad escultórica.[6]        

 

 

 

Fig. 3 LE CORBUSIER Monasterio de Sainte Marie de La Tourette. Eveux (Lyon) 1956-1959.

 

           Le Corbusier invocaba los monasterios  cartujos y los transatlánticos contemporáneos, por tener la misma combinación racional de zonas residenciales estrictamente privadas y generosas en espacios colectivos que él mostraba. Le Corbusier trazó planes exorbitantes para Barcelona, Argel y, en repetidas ocasiones, para la propia ciudad de París; dio conferencias en Brasil y se involucro en el diseño de un nuevo Ministerio de Educación, influenciando a personas de todo el mundo, en donde los más sobresalientes incluye una nueva generación que incluye a Kenzo Tange, Junzo Sakukara, entre otros, los cuales llevarían sus conocimientos a rincones distantes.[7]

Allá por 1950, Le Corbusier reconsidera su actitud, sus obras exhiben de nuevo formas y materiales que son secuelas de un orden reciente de prioridades. En el campo de la arquitectura domestica, la casa Jaoul (Fig.4) se infiere de este cambio de estrategia, es prestación de un modelo que quiere ser la solución universal, en muchos aspectos opuesta técnica e ideológicamente a las obras de la década de los años veinte.  [8]

 

Fig. 4.LE CORBUSIER, Casa Jaoul, Boulogne (Francia) 1954-1956   

Las visiones de Le Corbusier perduran entre las más grandes contribuciones al desarrollo arquitectónico hasta nuestros días, pues está presente en el movimiento moderno y al mismo tiempo en el renacimiento de este, en esta segunda etapa de la que se habla, Le Corbusier logra recuperar la visión poética que representa un retorno de la historia con un sentido nuevo y más profundo, y le ofrece al hombre la posibilidad de un fundamento existencial no solo espacial sino temporal.[9]              

            Se puede afirmar de que Le Corbusier juega dos papeles importantes dentro del siglo XX, en el que se enfocará este estudio es en su segunda etapa, donde su trabajo arquitectónico juaga con un expresionismo y una monumentalidad en compañía  del hormigón y algunos otros materiales vernáculos, donde una y otra vez vuelve a la necesidad de la belleza que siente el hombre, y no a la funcionalidad.

            Su trabajo individual lo llevó a crear sus más valiosas obras, y a desarrollar un estilo único a partir de 1930 hasta su muerte en 1965, su trabajo cambió radicalmente, esta evolución  no solo fue notoria en sus obras, pues también se preocupo por el bienestar urbano. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.2      El Monasterio de Sainte Marie de la Tourette.

 

En este inciso se hará un análisis para afirmar si el edificio alcanzo el objetivo de crear un espacio para el silencio y la reflexión, a pesar de ser una pieza de concreto situado en una colina y ver si es el caso donde se puede experimentar que la arquitectura expresa, significa, traduce en una especie de forma plena, edificada y entender el contexto histórico, social, político y económico del Monasterio de Sainte Marie de La Tourette. 

El primer artículo escrito sobre la Tourette en 1961 de Collin Rowe  hace un análisis profundo de lo que el Monasterio transmite. Tratando de introducirse  en la mente del proyectista y del usuario a la vez,  intenta justificar determinados gestos compositivos con la interpretación de un observador casual.  Pareciera intentar descubrir el pensamiento dialéctico y el juego de contrarios entre la realidad espacial y la impresión óptica que el arquitecto impone a la obra.  Especialmente, cuando  define las fuerzas opuestas entre el edificio, iglesia y cripta.

            Dedica un detallado interés a la superficie vertical exterior de la pared norte de la iglesia. Imagina su realidad simbólica, considerándola como el muro de un estancamiento que intenta contener y reservar la energía del espíritu, sin embargo, un asperto importante de mencionar en términos de coincidencia entre las dos composiciones la Acropolis y la Tourette, es precisamente lo que Le Corbusier escribiera en Vers une Architecture sobre la síntesis compositiva de La Acropolis, conceptos validos para definir el diseño de la Tourette.  

Haciendo referencia al ordenamiento del programa, es significativo y de interesante creatividad literaria el juego metafórico con el que Collin Rowe define la Tourette:   “…En realidad no es una iglesia con un área de vivienda adjunta, cuanto un teatro domestico para virtuosos de ascetismo con un gimnasio para el ejercicio de los atletas espirituales a su lado…”[10]             

            Otra opinión no menos importante es la de Kenneth Frampton donde expone que Le Corbusier retorna a lo vernáculo desde la casa Mandrot de 1931 (Fig. 5) y en Ronchamp en 1955. Lo vernáculo fue conscientemente adoptado por la articulación material y la capacidad para enriquecer la naturaleza abstracta y reductiva del estilo purista, los materiales naturales  y los métodos primitivos.

            Después de la segunda guerra mundial adquirió una forma vernácula más bien que clásica ofreciendo una realidad táctil muy distante de las visiones utópicas de finales de los años veintes. Unite de Habitation de dieciocho pisos de 1947-1952, Le Corbusier mostro métodos de construcción Brutalista.

            La Tourette en 1960 en Eveux, (afueras de Lyon) mostró un carácter sagrado, de soledad y comunión. Basada en la Cartuja de Emma  de 1907.

            “En la Tourette, el lugar es todo y nada. Está equipado con una abrupta pendiente y acosado declive transversal accidental. No se trata en modo alguno de una condición local que justifique realmente ese establecimiento dominico quinta esencial, lo que parece haber sido preconcebido. Más bien es lo contrario ya que arquitectura y paisaje, experiencias lucidas y separadas, son como unos protagonista rivales de un debate en el que progresivamente se contradicen… los respectivos significados.”[11]                        

 

 

 

 

 

 

Fig. 5. LECORBUSIER, Villa Mandrot, La Pradet (Francia) 1931.

Pocas veces Le Corbusier había empleado tal fuerza de expresión como lo hizo en la Tourette. Hay una interacción continua de líneas estrictamente geométricas y orgánicamente curvas. En el conjunto monástico, unas verticales rígidas dividen las grandes ventanas de la sala común, pero los espacios se quedan entre ellas varían constantemente. Las lógicas salientes de los dos pisos superiores tienen una textura superficial especialmente tratada en el exterior y unas rendijas horizontales en el interior.  La intrépida imaginación de Le Corbusier se muestra también en el bloque de la iglesia, donde dos muros se elevan en pendiente en un extremo de la cubierta plana y sostienen una caja que sobresale asimétricamente y constituye el campanario.

Dentro del patio, un oratorio para plegarias privadas,  elevado sobre dos muros cruzados, está colocado en relación directa con la biblioteca. Su remate es una pirámide alargada, evocadora del monumento funerario de Cestio en Roma, que Le Corbusier había dibujado en su primer viaje por Italia. La luz entra por estrechas rendijas verticales situadas cerca de las esquinas de los muros del propio oratorio, y un embudo de luz sobresale del muro posterior de la pirámide inclinada.

Exteriormente, el edificio monástico se mantiene unido por los dos pisos superiores salientes, que albergan un centenar de celdas para los frailes. Como fue costumbre posterior  de Le Corbusier, la austeridad del edificio se suaviza y cobra vida en los pisos inferiores mediante el estrechamiento y ensanchamiento de los huecos situados entre montones de la fachada continua de vidrio.

Todo el mundo debe sorprenderse de que el claustro este ausente en el patio de la Tourette; por el contrario el patio está ocupado por pasajes y escaleras con cubiertas escultóricas. No hay clasutro por que el conjunto si bien esta levantado por pilotis, que impiden el austero encerramiento exigido por un claustro. El uso de estos pilotis hace posible dejar intacta la pendiente de la ladera.

Indudablemente Le Corbusier, pretendía que la cubierta plana continua, rodeada por muros, hiciese las veces del claustro habitual en planta baja como zona para meditar deambulando. En esta cubierta la vista se concentra en la infinidad del firmamento. Pero este enfrentamiento directo con el cielo, al que Le Corbusier volvia continuamente pareció sucitar el favor de los frailes, pues rara vez se los encuentra en la cubierta de la Tourette [12]                     

El Reverendo  Padre Courtourier, en 1952 y en nombre del Capítulo Provincial de los dominicos de Lyon, pidió a Le Corbusier que construyera una iglesia y un lugar de residencia para los miembros de su orden. El alojamiento incluiría claustro, sala capitular, aulas, biblioteca, refectorio, cocinas y un centenar de celdas.

Le Corbusier emprendió el trabajo de proyecto en 1953; los frailes formaron posesión del monasterio en el mes de julio de 1959. Esta orden, fundada por Santo Domingo en el siglo XIII, rompió con los hábitos religiosos de aquel tiempo, al situar sus monasterios en el corazón de pueblos y ciudades, para así poder mezclarse con el pueblo. Los monjes de esta orden esencialmente docente, se comprometían a llevar una vida dedicada al estudio y a servir a la comunidad, tradición que perdura en nuestros días. Se trata de una orden democrática, cuyos cargos se nombran por elección y con un estilo de vida desinteresado por los bienes materiales.

El Padre Courtourier esbozaba en una carta a Le Corbusier algunos requisitos importantes.

El edificio será de una severa desnudez, sin lujos superfluos, aunque sin dejar de respetar las necesidades vitales ordinarias: silencio, temperatura ambiental, suficientemente cálida para permitir un trabajo intelectual ininterrumpido, recorridos de circulación mínimos… Recuerde que lo nuestro es una vida comunitaria absoluta, y, por tanto, se exige que no haya diferenciaciones dentro de los grupos.”[13]

La Tourette a pesar de no ser la obra más importante ni de la década, ni de Le Corbusier, es una manifestación del culto cristiano con una particularidad en el diseño de los espacios. En ella se percibe un singular parentesco de espiritualidad, en la necesidad del encuentro del hombre con Dios.

            En ella plasma un elaborado conocimiento de la historia de la arquitectura conventual y logra concatenar la tradición monacal, la historia de la tipología monasterial y la escala humana con un toque moderno en toda su extensión. Desde lo tecnológico y formal hasta lo científico y funcional.    

 



[1] BENÉVOLO, Leonardo, 2002.  Historia de La Arquitectura Moderna .España, Gustavo Gili. Pp. 445-475.

[2] GÖSSEL, Peter, 1956, Historia de la Arquitectura siglo XX. Köln.  Taschen  pp. 257.

[3] GIEDION, Sigfried. 1968. Espacio, Tiempo y Arquitectura.  España, Científico- Medica, pp. 538-571

[4] ROTH,Leland,1999 Entender la Arquitectura  España, Gustavo Gili,  Pp. 522-544

[5] NORBERG-SHULZ, Christian, 2004, Arquitectura Occidental, España, Gustavo Gili,  pp. 211

[6] TIETZ, Jürgen, 1° Edición 1999. Historia de La Arquitectura del siglo XX, Köneman Hong Kong pp.

[7] KOSTOF, Spiro. 1999 . Historia de la Arquitectura editorial Alianza Forma, volumen 3 pp. 1265- 1311.

[8] BACKER, Geoffrey H. 1997. Le Corbusier Análisis de la Forma, España, Editorial Gustavo Gili.  PP. 215

[9] NORBERG-SHULZ, Christian 1° Edición 2004, Arquitectura Occidental, Gustavo Gili, Barcelona pp. 215

[10] ROWE, Collin  1980.  España, Editorial Gustavo Gili,   pp. 179-197

[11] FRAMPTON, Kenneth.  1980, Historia de La Arquitectura Moderna, España, Editorial Gustavo Gili,  pp. 335.

[12] GIEDION, Sigfried. 4° Edición.1968. Espacio, Tiempo y Arquitectura.  Científico- Medica, Barcelona  pp. 554-560.

[13] BACKER, Geoffrey H. 1997.  Le Corbusier Análisis de la Forma, España, editorial Gustavo Gili pp. 215.

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